
Escuché esta mañana a Manuel José Ossandón, senador (el mismo que le dijo reo a Piraña) diciendo que: «no hay que confundir que la distribución de la riqueza sea quitarle a uno para darle a otro (…)» Luego dice: «hay un modelo que redujo la pobreza en forma impresionante como es nuestro modelo económico, pero este modelo tiene que tener correcciones y correcciones profundas» (Cueeeeek)
[Lo escuché aquí https://bit.ly/36S0YoT 1:25:31]
Hago un racconto y recuerdo un día a mi papá decir que en Estado Unidos había pobreza encubierta. Yo no entendía bien, se supone que era el país modelo del mundo y en la TV y todos los documentales que me devoraba jamás había escuchado eso. Recuerdo (vagamente) que me dice algo así como que es un país rico, donde mucha gente tiene cosas o puede incluso tener techo pero eso no quita que sean pobres porque no tienen todo para vivir. Yo seguía sin entender bien pero no dije nada más. Esto debió ocurrir entre mis 12 a 14 años. Para entonces, aún no contaba con herramientas de análisis suficientes para cuestionar el modelo económico, pero mi mente siempre aguja y mi memoria de elefante, con los años me ha ayudado a encajar todas las piezas de un rompecabezas de conversaciones «sesudas» con mi papá.
Creo que acá en Chile sucedió similar. Y fue algo que yo misma presencié a lo largo de mi crecimiento.
Recuerdo ver en los 90’s niñes en la calle, pidiendo plata o vendiendo dulces, sucios y con zapatos rotos. Ya para el 2000 eran cada vez menos. Durante la primera década del nuevo milenio, las personas «pobres» (marginadas) podían ser vistas con zapatillas y ropa de marca. Para la segunda década, el acceso a bienes materiales «inmediatos» no era muy diferente al que muches podíamos tener. Y ya en la era del smartphone, es difícil que alguien no tenga celular o una TV led.
Lo que describo acá viene solo a ilustrar que, si bien, el «progreso» permitió en Chile el acceso a bienes materiales para un gran espectro de personas, lo que pudo significar la mejora de sus condiciones de vida en algunos aspectos, NO CAMBIÓ EN NADA EL HECHO DE LA POBREZA.
En Chile, la pobreza pasó de la desnutrición, falta de higiene, y zapatos rotos a obesidad (mal nutrición por exceso) y acceso a bienes materiales a costa del endeudamiento progresivo. Para qué hablar de las condiciones laborales. La precarización laboral solo ha diversificado sus formas pero sigue perpetuando condiciones de abuso y explotación. Si bien, antes con lo poco que se podía pagar por trabajos informales o «truchos» alcanzaba a penas; lo que ahora se puede percibir ya sea, mediante un trabajo informal, a honorario o con contrato alcanza igual que antes a duras penas. Lo único que cambió es que hoy hay capacidad de endeudamiento lo que contribuye a disfrazar la pobreza.
Que no nos vendan cuentos que hay que defender el modelo porque «nos liberó de la pobreza». Esa frase es tan cliché como: «nos libramos del comunismo».
Muchas condiciones de vida mejoraron durante el siglo XX gracias a las políticas de seguridad social impulsadas por el movimiento obrero Chileno y eso tuvo costos altos de represión y muertes. Por otro lado, el desarrollo tecnológico y científico permitió aumentar la esperanza de vida al introducir políticas sanitarias que disminuyeron la carga de enfermedades infecciosas (sarampión, varicela, la rubéola, la viruela, cólera, etc).
Muchas condiciones de vida mejoraron durante el siglo XX gracias a las políticas de seguridad social impulsadas por el movimiento obrero Chileno y eso tuvo costos altos de represión y muertes. Por otro lado, el desarrollo tecnológico y científico permitió aumentar la esperanza de vida al introducir políticas sanitarias que disminuyeron la carga de enfermedades infecciosas (sarampión, varicela, la rubéola, la viruela, cólera, etc).
Aquí quiero dejar algo claro (desde mi perspectiva). No fue de «buenitos» que los gobiernos accedieron a generar «políticas de bienestar social y salud». Mientras el modelo económico se refinaba hasta lo que hoy vivimos, los análisis económicos demostraban que si un estado invertía en prevenir ello significaba un gasto menor – a la larga – que atacar el problema una vez se presentaba. Este resquicio, permitió al modelo – validado por oligarcas y burgueses – sobrevivir al tiempo que concedía derechos al pueblo para «dejarlos tranquilos» y al mismo tiempo no perder la mano de obra a causa de las epidemias o accidentes laborales.
No desmerezco en lo absoluto la valiosa lucha dada por la clase obrera y algunos intelectuales en evidenciar «la cuestión social» y las injusticias. No obstante, la historia nos demuestra que, si el modelo no se toca se perpetúa un patrón económico y cultural que solo cambia sus matices, en virtud de los avances tecnológicos, pero que en su fondo sigue siendo el mismo: concentra la riqueza en manos de unos pocos a costa de muches, coerciona y persigue a quien cuestiona, impide la libertad (real) de vivir de acuerdo a la cultura de la que se desciende u optar por formas de vida alternativas a la cultura impuesta (sin trabajo asalariado, sin estudios universitarios, sin familia nuclear prototipo, etc,etc,etc) porque se pone en riesgo el que se esté generando dinero para ellxs.
Yo se que agota estar dudando de todo pero NO PODEMOS CONFIAR EN LA CLASE POlÍTICA DE ESTE PAÍS.
Lamentablemente, sus argumentos nefastos están bien diseñados bajo estrategias de comunicación (propaganda) para instalar ideas que suenan bonito, de forma repetitiva. Ideas que, de repente, damos por sentadas y ni cuestionamos si las pensamos realmente nosotres (producto de una reflexión y convicción interna) o es algo que nos han hecho creer toda la vida.
*Este es solo un aporte a la reflexión. No pretendo que coincidan conmigo*
Muches de nosotres, en estos tiempos, sintonizamos en declararnos dispuestxs a poner nuestros saberes y habilidades al servicio del pueblo. En los espacios de base, me he dado cuenta que no necesitamos ser vanguardia de nada, ni estar la cabeza de nada o ser la cara visible de nada para concretar esa voluntad. Basta con abrir el diálogo y compartir perspectivas, explicarlas de manera amigable sin imponer postura, con la suficiente empatía, humildad y apertura para entender que nos retroalimentamos entre todes en nuestra diversidad de historias, oficios y saberes.
Este momento histórico requiere que estemos a la altura de un pueblo despierto, ávido de información y herramientas para cuestionarlo todo y re-construirlo.
NO PERDAMOS LOS ESPACIOS PRESENCIALES DE ENCUENTRO, DIÁLOGO Y AUTOEDUCACIÓN.
POR NOSOTRES Y POR QUIENES VENDRÁN.
JUNTXS VAMOS A CAMBIARLO TODO!
JUNTXS VAMOS A CAMBIARLO TODO!